EVOLUCIÓN Y MEJORA

Bravura y belleza
de una estirpe
única

Toro, novillos y vacas
de El Capea,
Carmen Lorenzo y San Pelayo

GENOTIPO Y FENOTIPO

Perfeccionar el genotipo y fenotipo del toro de una ganadería es una tarea ímproba y delicada. Un proyecto a largo plazo que implica una forma de vida que solo puedes emprender desde el compromiso absoluto, pasión por el oficio y un amor desmedido al toro bravo.

Con todas las dificultades que entraña, distinguir un concepto y tipo de toro, redundar en la diversidad de encastes, recuperar lo mejor de sus orígenes y lograr que la ganadería perdure y evolucione a mejor, bien vale el esfuerzo.

Capas y orígenes

Del tronco Vistahermosa han salido encastes de capa cárdena como los saltillos, o que han dado colorados como los urcolas, los parladé e incluso los ibarras. Pero lo cierto es que ya los hermanos Rivas se distinguen por su toros negros y que el Conde de Vistahermosa y sus herederos, aunque de vez en cuando les saltara un chorreado en verdugo, un cárdeno oscuro o algún castaño melocotón, preferenciaron los animales de esta capa.

Esta selección, que sirvió a Pedro Luis de Ulloa y Celis para diferenciarse de los toros de origen cartujano donde abundaban los ensabanados, jaboneros, berrendos y salpicados, no es un mero capricho y guarda relación con la asociación de su ideal de bravura a un genotipo y fenotipo determinados.

Es predominante esta pinta negra en el prototipo racial del encaste murube –tanto de la mayoritaria rama saavedreña como de la lesaqueña– y en el de murube-urquijo.

Los toros de El Capea, Carmen Lorenzo y San Pelayo son de un lustroso y uniforme pelaje negro en su casi totalidad, con accidentales bragados, meanos o axiblancos. Algunos becerros nacen mulatos y luego se tornan negros también.

Rizando el rizo

Desde 1979, en los tres hierros de “los Capea”, en un afán de rigor selectivo se distinguen incluso rasgos como el color de los pitones de los toros. Siendo más propio el pitón blanco de la rama que viene de lo de Saavedra, antes del Barbero de Utrera, cuando ha saltado algún animal de pitón negro con un posible lejano origen en la llamada rama lesaqueña, también se ha eliminado.

Puede parecer demasiado radical, pero entronca con un ideal de pureza que permite controlar mejor la ganadería, y con la constatación de que, sin obviar la influencia del hábitat y manejo de los animales, el fenotipo es una manifestación del genotipo.

Prototipo racial
del toro de Murube-Urquijo

Los toros del encaste Murube-Urquijo se caracterizan por su cabeza grande, de perfil cefálico recto o subconvexo, con hocicos chatos y anchos. De ojos grandes, de mirada seria pero noble, son típicos los carifoscos (con rizos en la cara, frente o testuz). Hipermétricos (admiten gran peso y volumen), con un esqueleto largo aunque sin llegar a ser longilíneos como los Miura, tienen un morrillo prominente y una badana considerable. Anchos y profundos de pecho, altos de agujas, con mucho hueso y gran capacidad torácica, su línea dorso-lumbar suele ser ligeramente ensillada, la ventral prominente, grupo voluminosa y bien desarrollada. La grupa también está bien desarrollada y la cola suele ser larga y ancha, terminando en un borlón muy poblado.

Evolución de las hechuras

Los toros que los hermanos Rivas lidiaron entre 1733 y 1774 eran de menor envergadura y peso que los de casta Cabrera. El Conde y sus herederos afinaron sus hechuras perfilando un toro terciado pero de constitución robusta y excelente trapío, con una cabeza pequeña y defensas comedidas pero bien dispuestas, de bella lámina y finos de extremidades.

Estas características se reflejan en los toros de las ganaderías que nacen y evolucionan a partir de esta rama de Vistahermosa, aunque hay que diferenciar en lo de Murube los que vienen directamente de José Arias Saavedra y Juan Gómez –que tienen el cuello más largo y las defensas más desarrolladas– de los lesaqueños –generalmente más montados, brochos y astillanos–.

En volumen se mantienen bastante parejos hasta la imposición en los años 60 del siglo XX del peso mínimo. Una norma que promueven ganaderos de Salamanca como Antonio Pérez o Atanasio Fernández que, con un toro más desarrollado por clima y alimentación, ven en el toro andaluz, más fino, terciado y con más movilidad, una competencia desleal.

Así, en lo de Murube-Urquijo, que ya en manos de su fundador en los años 30 lidiaba animales hondos con mucha caja, se generaliza un volumen mucho mayor a partir de los años 70.

En los toros de El Capea, Carmen Lorenzo y San Pelayo se ha buscado bajar la alzada y largura de los toros para que no se pasen de peso y envergadura, logrando además una agresividad de las caras que, dentro de su armonía, es más acorde con lo que se lidia ahora en las plazas grandes.

“Toros más bajos y recogidos, pero con más cara”

El torero y ganadero Pedro Gutiérrez Moya

Las vacas son de mayor tamaño que el estándar de vaca brava. Siendo característica su fortaleza esquelética, su larga conformación ha sido moderada.

“No me gustan los toros de manos altas. No por capricho, sino por necesidad y adecuación a las exigencias y nivel del toreo moderno. De mi experiencia como torero concluí que los animales más altos de manos sueltan más la cara y son mucho más difíciles de torear cuando el toro sale malo”

“En los toros de manos más cortas el galope y ritmo de la embestida es además mucho más constante y dinámico”

“En el tipo actual de esta ganadería, el tamaño no plantea problemas. Pero unificar un fenotipo en base a un criterio de tamaño único y excesivo sería peligroso. Porque desconoces como va estar la fiesta dentro de veinte o veinticinco años, y si te cierras sobre eso puedes quedarte fuera de juego”

SELECCIÓN CAPEA | CLASE Y FIJEZA

“Entre todos los caracteres que distinguimos, destacamos la clase y la fijeza.
Si no atesoran esas dos virtudes, en una ganadería que mira más allá y busca anticipar siempre el próximo paso, descartamos su ascendencia y descendencia”.

La clase

No resulta fácil definir la clase: ¿ritmo, garbo, presencia, majestuosidad, belleza…? Se puede hacer una analogía con el aura que transmite una persona con clase, tan difícil de cernir y sin embargo tan evidente. Su intento de definición invita a indagar en su misterio y nos descubre la relación de un valor sin bravuconería y una elegancia en la forma y armonía de movimientos, con la nobleza de carácter y la más profunda y auténtica bravura. La brusquedad, la chulería o el arrojo excesivos, como la afectación, delatan en realidad inseguridad y miedo. Manifestaciones de una mansedumbre que ni la más aparente de las bellezas podría ocultar.
Sin clase no hay bravura.

La fijeza

Sin fijeza no hay acometividad. Como sucede con la bravura, y vinculada a esta, hay que distinguir la fijeza ofensiva de la defensiva. Esta última es una característica del animal con genio, típica de los animales de principios del siglo pasado. Animales que miden y observan, esperando el mínimo descuido del torero para cogerlo a traición. La fijeza ofensiva, que sabemos calibrar los toreros y buscamos en la ganadería por selección genética, es una disposición al ataque propia de la bravura. Ese tipo de fijeza, por muy rápido que se venga el toro, por mucho ímpetu que imprima a su embestida, es la que se puede torear de acuerdo con la exigencia y cánones de la Tauromaquia moderna.

En las ganaderías puras, en las que es obligado un control tan exhaustivo de la consanguinidad, es más difícil y delicado adivinar cual es el animal que va a transmitir los genes que buscas.

La importancia de una selección vía materna

Sobre la base de las 303 vacas de murube-urquijo adquiridas en 1979 y 1987 realizamos una exigente selección, la única que en esta casa se entiende como natural y más rigurosa: la que se basa en la descendencia. Así, la vaca que liga con sementales de distintas características es la que se mantiene para que siga criando. La que solo liga con un determinado animal, se elimina. Pronto se redujo así el hato a 135 vacas, ampliando luego su número de acuerdo con los resultados contrastados con ese mismo criterio hasta sumar las 350 hembras que entre los tres hierros mantenemos de media. Es un proceso delicado que lleva mucho tiempo.

Todos los años sin excepción, con arreglo a los resultados de las tientas de la temporada, se hacen los nuevos lotes de cubrición. Vaca por vaca, buscamos el toro que más conviene a cada una. Y si de un semental bueno, contrastado con distintas vacas, el producto de la madre no liga, se elimina directamente esa progenitora. Se mantendrá sin embargo la cría de la vaca que, cruzada con otro toro, haya dado buen resultado. Es una metodología que permite a la ganadería evolucionar y refrescar constantemente su pie de cría.

Consanguinidad y pureza 

Buscando proteger la pureza de sangre, al no hacer nunca incorporaciones externas, y para evitar el riesgo de una consanguinidad excesiva, cada semental no suele cubrir más de 10 o 12 vacas. Esta es por tanto una ganadería matriarcal, en la que la selección se hace por vía materna.

“Las ganaderías que no han hecho cruces en pureza han acabado desapareciendo. De mi experiencia en México, y de la observación de las vacadas españolas, concluí que las que mejor se mantienen son las que siguen en el tiempo una línea de pureza de sangre”.

Homocigosis y saltos atrás 

Los conocimientos sobre cruces entre familias adquiridos en México nos han permitido trabajar con éxito en la homocigosis controlada. Un proceso genético asociado a la endogamia, que puede derivar en enfermedades genéticas por genes recesivos si no se tiene cuidado, pero ayuda a fijar caracteres que interesan e incluso a recuperar algunos cuando se sabe gestionar.

Alejados los riesgos de consanguinidad, es un método que amplía los recursos de investigación y pruebas genéticas sin salirse de la ganadería. Así por ejemplo, nos ha ayudado a perfilar un toro con unas caras más desarrolladas, acorde con la creciente exigencia de las plazas.

Los padres de la bravura 

“Esta es una ganadería piramidal en la que el toro “Montecillo”, que ya padreaba vacas en casa de los Urquijo y llegó a Salamanca toreado, se encuentra en la raíz de su positiva evolución”.

Fue un toro raceador cuyos productos, absolutamente todos, fueron bravos. Un animal además muy longevo, que cubrió vacas hasta los diecinueve años de edad y al racear en bravura, dejó un poso en toda su descendencia que ha sido clave para la ganadería y nos ha permitido incidir con mayor holgura en la clase y fijeza de nuestros animales. Menos una familia, que viene de otro toro adquirido a Urquijo, de nombre “Camposolo”, remontándonos hacia atrás, en la punta de la pirámide de esta ganadería, en la ascendencia de todos nuestros toros está el toro “Montecillo”.

Los sementales de prueba, una selección de diez o doce machos que “quemamos” cada año, se echan a vacas contrastadas y a novillas de prueba. Se observa si sus productos mejoran, o como mínimo mantienen la calidad de la mejor vaca y superan a los de las de prueba. Aunque el semental de prueba sea un toro indultado, por mucho que haya dado un juego extraordinario en la plaza, si su descendencia no sirve se descarta.

Fondo y forma de bravura

“Es un animal bello, con mucha bravura oculta. Un toro en ocasiones frío, corretón de salida, al que le cuesta exteriorizar su bravura de manera espontánea”.

Fondo de bravura, sanidad, alimentación y manejo son claves para criar un toro de mayor durabilidad, que se mueve con clase desde el principio de la lidia, pero que a medida que esta avanza va ganando en celo, sacando a relucir sus mejores cualidades cuando más se le exige. Porque es en ese trance o tramo final –de mayor exigencia para el animal–, donde no caben las mentiras y se descubre su auténtica condición.

“A partir del primer o segundo puyazo, rejón o par de banderillas, es donde generalmente puedes medir su bravura. Ahí es cuando puedes empezar a analizarlo”

La exigencia en los finales de los toros guarda no solo relación con un rasgo conductual o fenotípico, sino con un criterio de selección que ha permitido seguir moldeando el genotipo de esta ganadería, respetando la pureza de sus orígenes, hacia esa entrega de menos a más que la Tauromaquia moderna requiere.

SELECCIÓN CAPEA | LA BRAVURA A EXAMEN

“Cuando esperas un resultado, y el resultado es el que tenías previsto, tienes margen para trabajar. Por eso la crítica, cuando aciertas en tus predicciones, no condiciona tu manera de trabajar ni tu criterio de selección”.

Además de la clase y fijeza fundamentales, o aspectos como el ritmo, forma e intensidad de las embestidas, hay rasgos como el sentido que se examinan con mayor rigor cuando se exprime a fondo a los animales. Sin desmerecer la importancia de la suerte de varas y la información que se deriva del comportamiento de los astados en el caballo, el fondo de bravura verdadero no se revela hasta el final de una lidia larga. Ni siquiera en la plaza de toros –en el corto espacio de una faena– se alcanza a veces a descubrir.

Antiguamente en muchas ganaderías se tentaban hasta veinte y treinta vacas en un día. Se les pedía mucho en el caballo pero luego se les daba sólo quince o veinte pases. Eso no permitía observar su comportamiento en profundidad, y no serviría hoy para seleccionar el tipo de animal que interesa a la Tauromaquia.

Las notas de tienta

Conviene apuntar solo las esenciales, que son cuatro o cinco. Porque el exceso de informaciones –a menudo muy subjetivas– puede llevar al error en una selección que debe ser rigurosa en lo fundamental y reseñado en las notas de tienta.

Más allá de la tienta

Los apuntes de referencia en la tienta son esenciales. Pero no bastan. Como no basta emparentar un buen toro con una buena vaca. El ganadero proyecta su visión en el tiempo, observa el pasado, el presente y su herencia, y debe ser capaz de anticipar qué rasgos son dominantes, con sus matices, en uno y otra, tratando de predecir el resultado de alineaciones y choques genéticos, sin perder de vista quien y como lidia sus productos.

Detalles

Cuentan también los detalles y percepciones que quedan en el acervo, sensibilidad y memoria del ganadero, ayudando a su intuición y a un conocimiento más profundo de su vacada en función del toreo de cada época y de la propia evolución de la ganadería.

Valoración y criterios

En la valoración de una tienta, a menudo no coinciden los criterios. Porque el espectador ocasional, aunque sea profesional o muy aficionado, puede hacer una correcta apreciación del animal, pero es imposible que tenga la visión de conjunto y el conocimiento de todos los animales y variables que reúne el ganadero.

Los comentarios que te sirven son aquellos que te descubren claves y matices que no habías percibido. Los que te aportan aficionados muy buenos que no enumeran o destacan sin más una serie de hechos objetivos que ya has visto. Como decía Ortega y Gasset, no hay muchas personas capaces de contar lo que no se ve o no es tan aparente.