TRES SIGLOS DE EXIGENTE SELECCIÓN

LA GANADERÍA EN EL TIEMPO

De los hermanos Rivas y Vistahermosa
a Murube, Urquijo y Capea

Desde que los Hnos. Rivas empezaran reunir en torno a 1730 los toros de casta andaluza que criaron para su lidia, han pasado casi tres siglos.

Generación tras generación, a través de los Condes de Vistahermosa, los Murube o los Urquijo, podemos trazar una línea que atraviesa el tiempo, desde las salitrosas tierras de Dos Hermanas y la Campiña sevillana, hasta las graníticas dehesas de la Tierra de Ledesma.

Tres siglos de evolución, historia de la Tauromaquia y exigente selección que se reconocen hoy en los toros de El Capea, Carmen Lorenzo y San Pelayo.

ÍNDICE HISTORIA

Representación de los frailes cartujanos de Jerez | Pintura de José Manuel Gómez

Palacio de los Condes de Vistahermosa
en Utrera

Feria de ganado en Sevilla, 1852 | Pintura de Andrés Cortés
(Museo de Bellas Artes de Bilbao)

Es en la rama de Vistahermosa que entronca directamente con lo del Barbero de Utrera y su yerno Arias de Saavedra, donde encontramos los cimientos del toro de Murube que sentará las bases de lo de los Urquijo

Del Siglo XVI al XVIII
Los cartujos de Jerez, los Rivas y los Condes de Vistahermosa

Los Condes de Vistahermosa dieron forma, nombre y fama a una casta fundacional de toros bravos. Un tronco que derivaría hacia ramas fundamentales de la ganadería brava (9) y dio pie a la formación de numerosos encastes (16), de los que parten la mayoría de las vacadas actuales.

La labor e influencia del Conde y sus herederos ha sido de gran trascendencia en el devenir de la ganadería de bravo. Pero no hay que pasar por alto los más de cuarenta años durante los que Tomás, Alonso y Francisco Rivas, antes de venderle al Conde, criaron sus toros en las las salitrosas dehesas de Dos Hermanas (Sevilla), a orillas del Guadalquivir.

Unos torillos negros que, como recogen tratadistas expertos como Domingo Delgado de la Cámara, ya en 1733 fueron lidiados en una plaza provisional levantada sobre el monte Baratillo, en el mismo lugar y año en que se empezaría a construir la Real Maestranza de Sevilla.

Además de labradores de provecho, debieron ser buenos ganaderos los Rivas, pues continuaron lidiando con gran éxito, anunciándose en la Maestranza en fechas tan señaladas como la de la celebración de la coronación de Fernando VI en 1746.

Para diferenciarse de los ganaderos de bravo de la sevillana comarca de Utrera, cuyo ganado procedía mayormente, desde el siglo XVI, a los Monjes de la Cartuja de la Defensión (Jerez de la Frontera/Cádiz), el primer Conde de Vistahermosa, Pedro Luis de Ulloa y Celis (1697-1776), acertó sin duda al adquirir en 1774 la vacada que los hermanos Rivas habían ido conformando durante décadas, comprando piaras de vacas, reses sueltas y pequeños hatos de toros negros de distintas ganaderías.

Ayudado por Francisco Jiménez “Curro el Rubio”, antiguo conocedor de los Rivasemprende el Conde un proceso de selección y mejora por acoso y derribo que está en la raíz de lo que conocemos como casta Vistahermosa, y a través de una de sus ramas principales llega hasta esta ganadería conservando un especial grado de pureza.

Pedro Luis de Ulloa y Celis fue un agricultor acomodado y un ganadero fundacional que quiso fijar un prototipo ideal de toro de lidia partiendo exclusivamente de una vacada con un fondo, sino de bravura tal y como la concebimos hoy, si al menos de buena casta. Sin mezclar su sangre con la de ninguna otra ganadería, apuesta por un animal de bellas hechuras, de cabeza recogida, fino de extremidades, con la nobleza y bravura necesarias, y con la alegría y viveza características del mejor toro de lidia de aquella época.

A su fallecimiento en 1776, su hijo Benito de Ulloa y Halcón de Cala, hereda su título nobiliario y concepto, y llevará las riendas de la ganadería durante casi cinco lustros dándole un impulso y fama definitivos.

De sus toros se decía que “atesoraban las mejores cualidades para la lidia, ya que a la vez de ser bravísimos, no desarrollaban sentido y presentaban una gran nobleza que facilitaba las diversas suertes… no entregándose exclusivamente a lucir con su poder en el tercio de varas, como hacían los astados de las restantes ganaderías, que materialmente «se rompían» con el caballo y la mayoría de las veces se tornaban broncos y con sentido”.

Del Siglo XIX al XX
El tercer Conde de Vistahermosa, “El Barbero de Utrera”, Juan Gómez
y los Murube

En 1800 sucede al segundo conde su hermano Pedro Luis de Ulloa y Halcón de Cala. El tercer conde tendrá que enfrentarse a la prohibición de los toros de 1803 y a la ocupación francesa y sus consecuencias. Al finalizar la Guerra de Independencia (1808-1814), muy mermada su economía por la contienda, las malas cosechas y las subidas de impuestos, se ve obligado a vender su finca de Valcargado. Tragándose su orgullo, le pide a Vicente José Vázquez, también ganadero y eterno rival  de su familia, quedar en ella como simple arrendatario. Tras su fallecimiento en 1821, su hermana Luisa de Ulloa y sus otros dos hermanos deciden poner en venta la ganadería.

Después de casi medio siglo en manos de los Vistahermosa, la mayor parte de su vacada es adquirida en 1823 por Juan Domínguez Ortiz “El Barbero de Utrera”, pasando en 1834 a manos del aristócrata Jose Arias de Saavedra y Ulloa, esposo de María Consolación Domínguez de Ramos, hija del “Barbero”. Siendo el aristócrata un hombre de vida algo disipada, quien llevó durante tres décadas las riendas de la ganadería fue en realidad su mayoral Juan GómezTambién quien acabó siendo dueño y puso nombre a la propiedad sita en el termino municipal de Los Palacios en Sevilla, hoy convertida en finca de regadío, magnífica biblioteca y museo taurino.

En 1863 Doña María Dolores Monge Roldán, viuda de Francisco Murube, adquiere por consejo de sus hijos Joaquín, Faustino y Felipe doscientas vacas y cincuenta machos a José Arias de Saavedra. La vacada pasará a manos de su hijo Faustino en torno al año 1889 y éste le cederá su gobierno ocho años más tarde a su hermano Joaquín, que la dirigirá desde 1897 hasta su fallecimiento en 1905. 

Una parte menor de lo de Murube es la que se viene a denominar como rama lesaqueña y da origen a los Saltillo.  Aunque también es de origen Vistahermosa, esta línea viene de lo que le compró Salvador Varea Moreno a Luisa de Ulloa en 1823, Ignacio Martín a este en 1825, a su vez Don Pedro José Picavea de Lesaca en 1827, y llegaría en 1864 a manos de Felipe Murube Monje a través de lo que Manuel Suárez Jiménez había heredado de su padre en 1847.

Pero es en la rama de Vistahermosa que entronca directamente con lo del Barbero de Utrera y su yerno Arias de Saavedra, donde encontramos los cimientos del toro de Murube que sentará las bases de lo de los Urquijo.

Joselito y Juan Belmonte
camino de la plaza

“Se arrancan pronto y de lejos a los caballos…
Es un toro hermoso, fino y bravo… de la mejor casta andaluza”

Gregorio Corrochano

Doña Carmen de Federico
y Joselito en un día de campo

Juan Belmonte con un toro
de Carmen de Federico en Madrid

*Encaste, estirpe o variedad: población cerrada de animales de una raza que ha sido creada a base de aislamiento reproductivo, siempre con determinados individuos de esa raza, sin introducción de material genético distinto. De acuerdo con el Real decreto 2129/2008, estos requisitos deben extenderse durante al menos cinco generaciones, con intervalo medio entre generaciones de 7,5 años.

En el Siglo XX
Murube y Urquijo en la Edad de Oro

En los primeros lustros del siglo XX, con Tomasa Escribano, viuda de Joaquín Murube, asesorada por el también ganadero Manuel Fernández Peña, y con el rico industrial vasco Juan Manuel Urquijo, quien por consejo de José Gómez Ortega “Joselito” le compra su vacada en 1917 y adquiere también el cortijo “Juan Gómez”, la Tauromaquia asiste al esplendor de un encaste* que acabará conociéndose como Murube-Urquijo.

Crucial será para ambas ganaderías la confrontación de Joselito, primero con Rodolfo Gaona y en cierta medida con su hermano Rafael Ortega “El Gallo” e Ignacio Sánchez Mejías, pero sobre todo con el trianero Juan Belmonte, entre 1914 y 1920, en la llamada Edad de Oro.

Ya en 1913, Joselito había afrontado 8 corridas de toros anunciadas a nombre de Murube en plazas como Granada, Córdoba, Cáceres, Barcelona o San Sebastián, compartiendo cartel con toreros como su hermano Rafael Ortega, Bombita, Machaquito, Paco Madrid, Antonio Fuentes, Gaona o Limeño.           

Joselito ve en Juan Belmonte a un rival que puede favorecer la carrera de ambos, y encuentra en lo de Murube al toro ideal para alentar esa competencia”

  Amen de las que torea en solitario y con otros compañeros de terna, con el “Pasmo de Triana” –ya ambos como matadores de toros– entre 1914 y 1917 torea hasta 16 corridas anunciadas a nombre de Murube (aún propiedad de Tomasa Escribano), de las que 4 son manos a mano. Torean otras 14 entre 1917 y 1920, dos de ellas también mano a mano, siendo ya la ganadería propiedad de Don Juan Manuel Urquijo y Ussía (1879-1956), y anunciándose a nombre de su esposa Doña Carmen de Federico.

Esas 30 corridas de Murube y Carmen de Federico que Joselito y Belmonte torearon juntos en plazas como Sevilla, Madrid, Bilbao, Valencia, Málaga, Córdoba, San Sebastián, Algeciras, Logroño, Santander, Granada o Salamanca, marcaron sin duda el devenir del toreo, su evolución y la historia de esta ganadería y encaste.

UNA GANADERÍA PREFERIDA POR LAS FIGURAS ↓

Observar la historia, crónicas y estadísticas de la tauromaquia, permite aseverar que los toros de casta Vistahermosa y del encaste Murube han sido preferenciados por las grandes figuras de todas las épocas en las ferias y plazas de tronío.

Con José y Juan, y después de ellos, brillan con oro los nombres de toreros que se han acartelado con los Murube-Urquijo.  En la época de estos, destacan entre otros los de toreros españoles como Ignacio Sánchez Mejías, Rafael “El Gallo”, Bombita, Posada, Vicente Pastor, El Papa Negro, Cocherito, Fortuna, Celita, Camará, Pacorro, Saleri, Chicuelo, Domingo Dominguín, Granero, Victoriano de la Serna, Manolo Bienvenida, Rafael Vega de los Reyes, Marcial, Félix Colomo, Barrera, Varelito, Fernando Domínguez, Granero, El Estudiante, Cagancho, Félix Rodríguez, Zurito o Cañero. 

TAMBIÉN EN MÉXICO ↓

En ganaderías aztecas como Rancho Seco, Coaxamaluca, Manolo Celaya, Reaño, Zacatepec, Pastejé, Las Huertas, Rancho Begoña, La Punta o Villa Carmela encontramos simiente de Murube. Aunque nunca llegó una vaca pura a México*, los toros indultados y sementales que viajaron allí han dejado su poso, y gracias a esta sangre son varias las ganaderías que se han mantenido durante décadas.

Toreros históricos como Rodolfo Gaona, Silverio Pérez, Juan Silveti, Luis Freg, Armillita o Lorenzo Garza disfrutaron de las embestidas de los toros de Murube-Urquijo tanto en España como en México.

Entre otras efemérides notables, cabe reseñar el debut en México de los murubes de Doña Carmen de Federico. Seis de sus toros se anunciaron el 12 de febrero de 1922 en la capitalina plaza de El Toreo de la Condesa, para ser lidiados, junto a otros dos de la dehesa de Zotoluca, por Juan Belmonte, Rodolfo Gaona, Luis Freg y Juan Silveti (padre). Este último le cortaría el rabo a su segundo toro de Urquijo.

Faena de Silverio Pérez al toro

Tampoco hay que olvidar, en la misma plaza, la tarde de las memorables faenas de Silverio Pérez al toro “Tanguito” y de Fermín Espinosa “Armillita” a “Clarinero”. Ese día 31 de enero de 1943 se presentó ante el público de la capital la ganadería de Pastejé, una vacada que comenzó a formar Don Eduardo Iturbide en 1937. Los toros que se lidiaron –y catapultaron a este hierro hacia la fama– procedían de los cinco sementales que Antonio Algara compró ese mismo año 1937 a Doña Carmen de Federico.

*Al no importarse vacas sin mezclas de otras sangres, el desarrollo en pureza de lo de Murube-Urquijo en México no ha sido aún posible. Sin embargo, como sucede en Colombia con ganaderías como Ernesto GutiérrezSalento, se han conseguido buenos resultados cruzando sementales de este origen con ganado de los encastes de Santa Coloma o Saltillo, también del tronco Vistahermosa. Sementales del hierro de Carmen Lorenzo han padreado con éxito en América.

Manolete y Carlos Arruza en Barcelona en 1945, momentos antes de lidiar una corrida de Carmen de Federico

Hasta 1917, en los 54 años seguidos que permanece en manos de la familia Murube, entre 1917 y 1947 en las de Don Juan Manuel Urquijo, y luego en las de su hijo Antonio hasta el inicio de los sesenta, la ganadería mantiene muy alto su cartel.

Muchos son los que consideran a Antonio de Urquijo y de Federico (1904-1962) uno de los mejores y más influyentes ganaderos de la historia. Manolete, Carlos Arruza, Fermín Rivera, Pepín Martín Vázquez, Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín, Diego Puerta, Camino, El Viti, Teruel, José Fuentes, Antoñete, Jumillano, Aparicio, Curro Romero, Rafael de Paula, El Cordobés, Chamaco, Aparicio, El Litri, Miguelín, Manolo Cortés…, son algunos de los toreros que protagonizan grandes tardes con sus toros.

Carlos Urquijo coge el timón de la ganadería en 1962, y a partir de 1965 cambia las líneas de los sementales buscando un toro más voluminoso. En los años 70, coincidiendo con el despegue de la irreversible moda del toro grande, encuentra más dificultades para lidiar y los Murube-Urquijo se alejan de las grandes ferias y plazas.

El Capea, despidiéndose de su esposa Carmen Lorenzo, momentos antes de torear en La México.

El Capea en la Corrida de la Prensa de 1988, el día de su encerrona y triunfo con los Victorinos en Madrid.

“Pesetero”, novillo indultado por Ortega Cano en 1987 en el festival de las Hermanitas de la Caridad en Salamanca, fue un semental de excepcional calidad.

Del Siglo XX al XXI
Los Murube-Urquijo de “Los Capea”

En 1977, Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” (Salamanca 17 de septiembre de 1952) es una figura del toreo consagrada a ambos lados del Atlántico. Con un prestigio ganado a pulso desde sus inicios como novillero en 1969, coetáneo y rival de toreros como Paquirri, José Mari Manzanares o su paisano Julio Robles, y con una carrera jalonada de triunfos en las más importantes ferias y plazas del mundo, es además un apasionado estudioso del toro bravo, su genética y misterio.

En su Salamanca natal, en Andalucía, en México, Perú, Colombia, Venezuela o Ecuador, en todos los países en los que torea aprovecha su entorno para indagar en su conocimiento, contrastar y compartir experiencias con otros diestros, con ganaderos españoles como Juan Pedro Domecq y Díez, Carlos Núñez, Paco Galache, Juan Mari Pérez Tabernero… con los de otras tierras como el colombiano Alfonso Ramírez de Avendaño o el mexicano Javier Garfias, y con periodistas de la talla de Pepe Alameda, empresarios, conocedores, aficionados…

Todavía le queda una larga y fructífera década toreando de seguido –con mil seiscientas setenta y siete corridas, es el torero que más ha toreado en el siglo XX–. Pero está decidido a crear su propia ganadería y compra ese mismo año 1977 los derechos del hierro de Fausto Rodríguez Martín, que pone a nombre de su esposa Carmen Lorenzo Carrasco (hierro Carmen Lorenzo) e inscribe en la Asociación de Ganaderías de Lidia.

En 1979, asesorado por los hermanos Cid, –mayorales y picadores vinculados a los Urquijo en Juan Gómez durante años– y por Julio Pérez “El Vito”, veedor de sus apoderados los Martínez Uranga y representante de la ganadería de Carlos Urquijo, compra a este último 170 vacas sin torear y dos toros a escoger (uno de ellos es el famoso toro “Montecillo”, que ya padreaba vacas de Urquijo y será un semental determinante en el devenir de los Murube-Urquijo de los Capea).

Convencido del interés de la pureza genética y gran fondo de bravura que atesoran, arranca con esta compra su proyecto ganadero y sienta las bases de los hierros familiares. Sin los libros ni notas de las vacas de Urquijo, emprende un riguroso proceso de selección en el que solo aprueba un 20% de los productos tentados, y empieza prudentemente a lidiar en novilladas sin caballos.

En 1980, mientras él torea en América, Antonio Ordóñez compra en España la ganadería y hierro a Carlos Urquijo. “El rondeño” la mantendrá hasta 1984, año en el que venderá una parte menor a José Murube Escobar y otra a José Romero Pérez. Los Murube recuperan así el hierro familiar y se quedan con una selección de veinticinco vacas, yendo a parar las 133 vacas restantes, 36 machos y 5 sementales, marcado todo ello con el hierro de Urquijo, a manos de José Romero Pérez.

En 1987 se entera [El Capea] que lo de Romero Pérez está en venta. Adquiere todo lo que tiene y logra así hacerse con las hermanas y madres de lo que él mismo había comprado a Urquijo y llevaba casi una década manejando con muy buenos resultados en novilladas y festivales –ese mismo 1987 Ortega Cano indultó al novillo “Pesetero” en el festival de las Hermanitas de La Caridad en Salamanca–. Compra también los derechos del hierro del ancla (hierro actual de El Capea), ingresando de este modo en la Unión de Criadores de Toros de Lidia.

De nuevo en las grandes ferias y plazas

Con tan importante pie de cría de una misma sangre, Pedro Gutiérrez Moya se compromete a fondo con una ganadería que han disfrutado desde entonces numerosos toreros de alternativa, novilleros y rejoneadores. Consigue recuperar el prestigio del encaste Murube-Urquijo y anuncia sus toros en grandes ferias y plazas como Valencia, Sevilla, Madrid, Bilbao, San Sebastián, Pamplona, Acho, Arles o Nîmes entre otras.

A PIE Y A CABALLO ↓

El propio Capea, Paco Ojeda, Paquirri, Ortega Cano, Rafael de Paula, Curro Romero, Roberto Domínguez, Julio Robles, Dámaso González, Manzanares padre e hijo, Espartaco, César Rincón, José Miguel Arroyo “Joselito”, Miguel Báez “Litri”, López Chaves, Juan Diego, Enrique Ponce, Pepín Liria, Rivera Ordóñez, Finito de Córdoba, Manuel Caballero, Jesulín de Ubrique, Vicente Barrera, Uceda Leal, Antonio Ferrera, César Jiménez, Matías Tejela, Cristina Sánchez, Miguel Abellán, El Fundi, Iván García, Javier Conde, José Tomás, Morante de la Puebla, El Juli, Miguel Ángel Perera, El Fandi, Alejandro Talavante, Juan Bautista, Sebastián Castella, Juan José Padilla, Cayetano Rivera, Capea hijo, José Garrido o López Simón han comprobado desde entonces su clase y bravura.

Conocida es hoy la preferencia de las grandes figuras del rejoneo por este encaste y ganadería. A partir de los noventa, con el advenimiento y ascensión de Pablo Hermoso de Mendoza, apoderado primero por Martín Arranz y luego por la casa Chopera (Martínez Flamarique), la ganadería se hace por ello cada vez más presente en festejos mixtos y de rejones.

INFLUENCIA DEL REJONEO ↓

Cuando las casas más fuertes del toreo –las que programan las ferias– apoderan a las dos grandes figuras del rejoneo y estas tiran de una determinada ganadería, su influencia tiene un peso evidente. Así, aunque no decrece el interés de los toreros de a pie ni el del propio ganadero, la economía del toro, el alza en la cotización y exigencia de Pablo Hermoso de Mendoza y del joven Diego Ventura –que pronto aspira a disputar su liderato al rejoneador navarro–, sumados al posterior trasfondo de la crisis económica que atraviesa el país a partir de 2007, hacen que se incline la balanza a favor de los montados.

Pero las camadas son amplias, y toreros como Miguel Ángel Perera, El Fandi, El Cid, Castella, Padilla, Juan Bautista, Garrido, Cayetano o López Simón entre otros, siguen apostando por la calidad de un toro que depara todos los años grandes triunfos en festejos de a pie.

Pedro Gutiérrez Lorenzo toreando en México.

Arriba, toro para rejones de El Capea.
Sobre estas líneas, Miguel Ángel Perera toreando en Cáceres, en 2015, un ejemplar con el hierro de Carmen Lorenzo.

Siglo XXI
La diversidad como objetivo

En los tres hierros de la ganadería –unificados en genotipo y fenotipo– no se sigue un patrón de selección distinto para un tipo de festejo u otro. Puede haber un matiz en el manejo en el campo pero –en contra de lo que erróneamente se piensa– el esfuerzo que se pide a los toros en las corridas de rejones es en ocasiones superior al que se requiere de los animales lidiados a pie. Se busca y selecciona una intensidad que transmite emoción en su embestida a los engaños, al caballo o al corredor, de muy distinta índole a la inercia o el arreón y mucho más exigente.

El criterio de selección es el mismo y se acopla perfectamente a las distintas expresiones de la tauromaquia. La movilidad y galope de los animales, el ritmo constante de sus embestidas, su brava entrega hasta el final y su humillación son, entre otros rasgos que los distinguen, cualidades tan valoradas por los toreros de a pie como por los rejoneadores, corredores o recortadores.

Nuestro objetivo es seguir trabajando en la misma línea, lidiando en corridas y novilladas de a pie, a caballo y en festejos populares.

“El Capea”,  “Carmen Lorenzo” y “San Pelayo” son hoy los tres hierros en los que Pedro Gutiérrez Moya, esposa e hijos llevan trabajando cuatro décadas. Con un criterio ganadero muy definido, reivindican el valor que en la bravura tienen la pureza genética, la clase y la fijeza, seleccionando y manejando el ganado con seriedad y tino para criar toros con trapío, que propicien triunfos a los toreros y brinden espectáculo a los públicos.

Un encaste propio

A lo largo de la historia se han creado cientos de ganaderías de bravo. Pero poco más de veinte son las que han logrado darle nombre a un encaste. Tras superar la barrera de las cinco generaciones de animales y los 37,5 años de rigor sin introducir ninguna otra sangre, se puede afirmar que este es ya un encaste propio. Un dato que puede parecer anecdótico, pero que pone de relieve un criterio de selección muy definido y una constante apuesta por la pureza.